Las élites de la región temen al indio por su autonomía

Entrevista a Catherine Walsh. El crecimiento político de líderes indígenas en América Latina, lejos del populismo, refleja una crítica a los discursos únicos de la globalización. De acuerdo con Catherine Walsh, en la sociedad hay mayores procesos de participación ciudadana motivados por esos movimientos. Walsh es crítica de la cultura, doctora en educación y sociolingüística de la  Universidad de Massachussets, y directora del Programa de Doctorado en Estudios Culturales Latinoamericanos de la Universidad Andina.

Los movimientos indígenas en América Latina participan con mayor presencia en los procesos electorales de sus países; los ejemplos en Ecuador y Bolivia son evocativos. ¿Cuán susceptibles pudieran ser sus reivindicaciones de convertirse en recursos populistas hacia la consecución del poder?

En América Latina, los movimientos indígenas proponen un fuerte cuestionamiento a la democracia representativa. Por ello, sus estrategias en escenarios electorales miran en una candidatura una responsabilidad comunal, aspecto que los distingue del individualismo de las formas populistas de la política.

¿No hay una manifestación populista cuando los movimientos indígenas, por afianzarse internamente, cierran las puertas a otros actores?

En el movimiento indígena hay un primer momento de pensar en fortalecer lo propio para saltar a escenarios de interculturalidad. En la política, una consecuencia de ello son los procesos de alianzas. Los movimientos indígenas saben que pueden poner un candidato, cuando el poder se construye desde las bases.

¿Es el caso de Evo Morales en Bolivia? ¿Por qué sacudió a la política tradicional de ese país andino?

Evo Morales, dirigente cocalero, es un crítico abierto del neoliberalismo y el intervencionismo de EE.UU. Él cuestiona esos poderes y por ello tiene el respaldo de indígenas, campesinos y varios sectores sociales.

¿Pero qué otras acciones políticas, más allá de la movilización y los discursos antisistémicos se pueden desprender de experiencias como la boliviana?

En los movimientos indígenas de la región hay una evolución de su discurso étnico a una práctica más convergente. Hoy reconocen que solos no pueden pensar en un nuevo proyecto de país y que la lucha no solo debe hacerse desde fuera sino desde adentro, desde los escenarios del poder. El campo electoral es una vía.

¿La idea de raza, como recurso de jerarquización social, cuánto influye en el éxito o el fracaso de los procesos electorales de los movimientos indígenas?

El concepto de raza sirve para justificar la dominación de unos sobre otros. Sin embargo, ha sido un detonante entre los movimientos indígenas para visibilizar sus diversidades internas ante quienes los masifican en torno a una lucha étnica. Por ello, hay un uso estratégico de esas identidades como una provocación hacia toda la sociedad para repensar quiénes somos y cómo podemos fortalecer la democracia desde lo diverso.

En Perú, ¿Toledo no apeló a un referente indígena con fines populistas?

Toledo usó la idea del cholo y de la diversidad de la sociedad peruana, pero en una lógica de coptar todo, manipularlo y homogenizarlo. No obstante, esta experiencia demuestra que apelar a un discurso sobre la identidad no es garantía para repensar otros proyectos de nación.

¿Dónde está esa garantía, cómo cuidar el sentido de la diversidad en la política? 

En el afianzamiento en las identidades, en el responsabilizar a los actores a una mayor participación ciudadana.

Hugo Chávez, en Venezuela, sin ser indígena reunió en torno a sí un gran apoyo de esos movimientos. ¿Fue un acercamiento caudillista? 

En Venezuela pude conversar con líderes indígenas y negros. Ellos expresan que con Chávez sienten que por primera vez el Estado los apoya y los representa. Es cierto que en el presidente hay elementos caudillistas, pero él piensa en otro modelo de sociedad, con más inclusión.

¿Por qué, entonces, el miedo de ciertos sectores al crecimiento político de los indígenas en el país, de Morales y Quishpe en Bolivia…?

Porque, a partir del proyecto social de la interculturalidad, proponen autonomía para sus países. Porque ponen en crisis a la política transnacional, las nuevas formas de colonialidad, el intervencionismo estadounidense.

Publicada en El Comercio, 28 julio 2002.