Los debates abiertos del Foro Social Mundial

Los debates abiertos del Foro Social Mundial

por Eduardo Gudynas – El Foro Social Mundial terminó pocos días atrás, celebrando la presencia de al menos 155 mil personas de 135 países en Porto Alegre. Pero de alguna manera, el Foro sigue presente: es el tiempo de los balances y de los debates sobre los pasos a dar hacia el próximo encuentro.

Entre esos balances hay varios aspectos positivos a subrayar. La organización fue mejor que en el anterior encuentro en Porto Alegre, se dispuso de un programa de actividades, la ubicación de las tiendas y lugares de encuentro a lo largo de la costa del Río Guaíba fue acertada más allá de la terrible conspiración del sol del mediodía, el ambiente fue siempre de fiesta, la variedad de actividades fue enorme y se confirma que el FSM sigue atrayendo mucha gente.

Hubieron, es cierto, algunos problemas coyunturales, como las largas colas para obtener los programas, las actividades canceladas, o el anuncio de relevantes personalidades que nunca llegaron. Los participantes superaban estos problemas con perseverancia y humor. Otras dificultades van más allá de la organización del FSM, como la exagerada inventiva de los taxistas para encontrar siempre el camino mas largo entre dos puntos cercanos, o la palpable competitividad capitalista que hacía subir el precio del agua helada a medida que nos acercábamos al mediodía.

Denuncias, diagnósticos y propuestas

El volumen de actividades que realmente tuvieron lugar seguramente superaron el millar, incluyendo mesas redondas, muchos talleres, muestras de videos o actividades culturales participativas desde la danza al teatro. Primaron los encuentros volcados en el diagnóstico de la situación actual y la denuncia. Sin duda eran la mayoría, y eso en sí mismo no es necesariamente algo negativo ya que en nuestra cotidianidad vivimos bombardeados por los que sostienen que el orden actual es muy bueno y los problemas apenas constituyen defectos indeseables, por lo que un baño de realidad durante una semana es bienvenido.

En ese terreno el FSM siempre ha sido un éxito. Allí hay un muestrario de todo lo que hoy se quiere ocultar, desde la segregación racial que persiste en las ciudades hasta la destrucción de los bosques nativos para extraer petróleo. Pero después de las denuncias son necesarias las propuestas. Esa necesidad se mantiene como una fantasma que siempre se escapa desde el FSM 2002, y que tampoco se materializó en la presente edición. En esta ocasión se apostó a la idea de un “mural” con propuestas concretas presentadas desde los talleres. La acogida fue modesta, y fue esencialmente una repetición del “árbol” de iniciativas realizado en Porto Alegre en 2003.

Después de tantos esfuerzos se debería admitir que en el Foro existen limitaciones para avanzar en propuestas concretas de acción que alcancen el consenso entre un número elevado de participantes. Por cierto que en los talleres hay muchas propuestas específicas, como por ejemplo nuevas prácticas para el café orgánico o metodologías precisas para el reciclaje de residuos urbanos. El problema surge cuando se quiere pasar de algunos de esos puntos específicos a grandes programas que abarcan sectores completos; por ejemplo pasar de un cultivo específico a una alternativa para todo el desarrollo agropecuario. También es cierto que hay muchos reclamos amplios, como la demanda por el pleno empleo, y que una vez aceptados por todo el mundo la cuestión pasa a ser cómo alcanzar esa meta. Las propuestas sectoriales necesitan de un análisis detallado, con rigurosidad y tiempo, lo que no siempre es fácilmente alcanzable en el ambiente de fiesta en el FSM.

Reconociendo esas cuestiones deberíamos preguntarnos si es necesario que el FSM sea un espacio de elaboración de alternativas concretas. A mi juicio esa tarea difícilmente puede conseguirse en un encuentro con decenas de miles de personas, y posiblemente no tiene mucho sentido seguir insistiendo en esa cuestión. En aquellos talleres en que eso sucede, bienvenido sea, pero más allá de ese objetivo parecería que el Foro cumple con mucho mayor éxito otra misión: revelar los aspectos escondidos de la globalización actual ofreciendo un abanico diverso de una sociedad civil que usualmente está oculta.

Las dimensiones de la política

Otro de los grandes temas de controversia en el FSM fueron las relaciones con los políticos. ¿Cuáles son las ventajas, y las desventajas, de contar con Lula da Silva o Hugo Chávez como estrellas destacadas? Para avanzar en este camino me parece indispensable como primer paso clarificar mi posición: estoy en contra de la participación de políticos profesionales de los partidos políticos en el Foro. En el FSM 2003 discrepé, junto a muchos otros militantes, con la presencia de Lula da Silva y de Hugo Chávez; pero también cuestioné la “doble” medida de los organizadores de Porto Alegre al darle el beneplácito oficial a Lula mientras se dejaba en un segundo plano a Chávez. De la misma manera, en este FSM 2005, no me pareció adecuado que un evento organizado por la sociedad civil para la sociedad civil, termine atendiendo los discursos de dos presidentes, cualquiera de los cuales dispone de más de un espacio para hablar. Tampoco debe dejarse de decir que exactamente esa misma independencia se encuentra en la carta de principios del FSM.

El fundamento de mi oposición tiene que ver con el papel de la sociedad civil, y en especial con la construcción de una “política ciudadana”, que mantiene aspectos esencialmente distintos a la acumulación que realizan los partidos políticos. La imagen de la estructura del PT reclutando militantes, regalándoles camisas estampadas, y alquilando autobuses para que escucharan a Lula en el Gigantinho explican esas diferencias con las prácticas tradicionales de los movimientos sociales.

Una vez aclarado ese punto, entiendo que existen otras posturas que celebran la presencia de ciertos políticos y consideran que es un hecho positivo para el Foro. Es más, algunos amigos ya me han retrucado que la multitud que recibió a Hugo Chávez es un ejemplo de las sinergias positivas entre el “mundo partidario” y el “mundo social”. En efecto, existen muchos actores claves en la organización del FSM que apuestan en ese sentido y son los que promueven que el próximo encuentro del 6 para América Latina se realice en Caracas (Venezuela). En tal caso, nadie puede dudar que el uso partidario del evento se acentuará. Tampoco puede olvidarse que en el discurso de Chávez en Porto Alegre hay puntos que muchos compartirían, especialmente aquellos que aluden a la unidad Latinoamericana, pero también afirmaciones preocupantes como sus alabanzas a Vladimir Puttin de Rusia.

La defensa del vínculo íntimo con el espacio de la política partidaria se basa en defender la idea que el FSM tiene un sentido político, y que ese sentido es identificable y caracterizable. Es obvio que esa posición encierra la debatible concepción que alguien identifica ese “verdadero” sentido político del Foro, y logra separarlo de otros sentidos que quedarían en segundo plano; habría “un sentido” que una cierta “vanguardia” ilustra a las “masas” foristas. Bajo esa idea, muchas propuestas quedarán por el camino, y todo dependerá de quiénes determinen ese sentido primario.

Pero la posición ligada a la política partidaria, sea desde organizaciones formales como desde las informales, están orientadas a obtener mayorías electorales para lograr el control del Estado, donde las organizaciones ciudadanas son vistas como funcionales a ese proyecto de acumulación partidaria, cuya meta esencial es ocupar el gobierno para desde allí iniciar los cambios prometidos.

Sin embargo, la marcha de los movimientos sociales es diferente ya que sin duda son políticos, pero el cambio social se hace desde una práctica política constante. Por ejemplo, las redes temáticas de ONG no postulan obtener el control del Estado para iniciar cambios, sino que trabajan por esos cambios aquí y ahora. Pero además, por lo general sus prácticas políticas son diversificadas, no son homogéneas, no invocan a un “programa partidario” y no existe la “disciplina partidaria”. Esto no implica desconocer o rechazar el tránsito que muchas personas realizan desde las prácticas sociales de los movimientos hacia organizaciones político partidaria, sino que subraya que esos dos espacios, más allá de sus superposiciones, poseen dinámicas y estructura diferentes.

Las agrupaciones políticas tienen sus propios foros de convocatoria, e incluso pueden crear nuevos encuentros. Por ejemplo, nada impide que la coordinación de la izquierda partidaria de América Latina, el “Foro de Sao Paulo”, se pluralice y permita una participación más amplia y diversificada de los movimientos sociales. La cuestión es si tiene sentido convertir al Foro Social Mundial en ese tipo de espacio sin destruir su propia esencia ciudadana y pluralista. A mi juicio avanzar en ese sentido conlleva el grave riesgo de favorecer una corriente de opinión sepultando a muchas otras, y por lo tanto nos acercaría a la desaparición de la propuesta original del Foro.

Independencia de Davos

Defendiendo la misma idea de independencia y espacio propio para los movimientos sociales, la idea de establecer mayores lazos formales con el Foro Económico Mundial de Davos (FEM), encierra también el peligro de una pérdida de autonomía.

El FSM nació como una alternativa al FEM, y por ahora desde el mundo de las finanzas o desde el G-8 no hay ninguna pista que tome en serio las denuncias que se repiten desde Porto Alegre. La autoasignación de Lula de Silva como nexo entre uno y otro foro corre por su cuenta, y en realidad viola incluso la carta de principios del FSM. La situación se complica más al conocerse que algunos miembros del comité organizador de Brasil estarían dispuestos a reunirse con los responsables del foro de Davos para discutir puntos en común.

Organizadores, organizados y desorganizados

En las cuestiones de la independencia partidaria, en la independencia de Davos, la posible selección de la sede Caracas, y en otros temas, una y otra vez aparece el papel de los comités que dirigen el proceso, por un lado el Comité Internacional y por el otro la Comisión Organizadora de Brasil, así como las relaciones entre esos dos cuerpos.

Es necesario advertir que hay una relación asimétrica entre el amplio conjunto de foristas y esas dos comisiones claves. En realidad la inmensa mayoría de los participantes del FSM no tienen mucha información sobre esas comisiones, y a pocos les preocupa, ya que ellos concurren al evento a realizar sus propias actividades más allá de las sugerencias de los comités. De la misma manera, defender la hipótesis que el Comité Internacional representa la enorme diversidad ciudadana del FSM, significa forzar mucho las ideas. Incluso la propuesta de una “red internacional de movimientos sociales” es por cierto exagerada hasta ser casi peligrosa al presuponer mecanismos perfectos de representación y delegación desde las organizaciones ciudadanas a unas pocas organizaciones e instituciones. Los miembros del Comité Internacional también están atrapados en esa relación asimétrica ya que tampoco tienen un conocimiento de todos los movimientos sociales; apenas conocen algunas expresiones dentro de sus propias áreas de trabajo.

Sin embargo esos comités ostentan poderes en terrenos claves tales como elegir el lugar de la próxima sede, determinar sus ejes temáticos e incluso diseñar aspectos sensibles como la distribución espacial de los talleres (un asunto que no es menor ya que usualmente las organizaciones amigas del comité organizador local tienden a recibir las mejores ubicaciones). Una y otra vez cae sobre esta gran estructura organizativa la sombra de esas asimetrías que se resuelven apelando a jerarquías y subordinaciones; una y otra vez asoman los personalismos de algunos “líderes”. Seguramente muchos de estos problemas son menos agudos que en organizaciones convencionales, pero es necesario contar con mecanismo más efectivos para superarlos. Frente a esta problemática, la decisión de descentralizar el Foro puede ser muy buena, ya que entonces cada comisión organizadora regional podrá atender más atentamente las demandas de su región.

De la misma manera, otros claroscuros son evidentes entre los participantes. En ese sentido se mantienen las dificultades para fortalecer las relaciones horizontales dentro de movimientos y en especial, entre los movimientos. En la presente edición del Foro se propuso un mecanismo de “fusión” de los eventos propuestos (las organizaciones que registraron talleres contaron con un período de tiempo para contactar a convocantes de talleres similares y eventualmente agrupar las propuestas, con la idea de reducir el número de actividades y potenciar los esfuerzos y la audiencia). El proceso de “fusión” tuvo un resultado incierto. Si bien no hay una evaluación oficial publicada por la Comisión Organizadora brasilera, las consultas que he realizado indican que el agrupamiento de actividades no funcionó apropiadamente. Hasta donde puede verse, la inmensa mayoría de ONG, y en especial las grandes organizaciones, convocaron a sus propios eventos en forma solitaria o en grupos que estaban conformados con anterioridad, y no aceptaron las “fusiones”.

Los agrupamientos se dieron entre conjuntos de organizaciones que ya mantienen relaciones horizontales, en algunos casos articuladas alrededor de una campaña de acción de larga data (por ejemplo, contra la deuda externa) y otras más recientes (es el caso del tema migratorio). Pero también se padecen limitaciones, tal como ilustran las dificultades en fusionar los actos. Allí donde no existen afinidades previas, se mantiene una cierta distancia entre las ONG, en algunos casos incluso una indiferencia. Usualmente no se cae en enfrentamientos; aunque lamentablemente un hecho de ese tipo tuvo lugar en un taller sobre la problemática de la soja cuando algunos integrantes de una organización de estudios rurales de Argentina atacó la intervención de un colega brasilero para luego impedirle hablar; un hecho rarísimo y que por suerte parece no haberse repetido en el resto del Foro donde realmente prevaleció el respeto a la diversidad. Por lo tanto es necesario reconocer que buena parte del FSM ofrece como aspectos positivo una enorme diversidad con superposiciones variadas, pero también debe admitirse que todavía hay mucho trabajo que hacer para lograr mejores coordinaciones.

Esta diversidad de posturas significa también que la articulación entre movimientos es todavía más complicada. Incluso, en el reciente Foro de Porto Alegre pueden haberse acentuado las distancias entre algunos nuevos y viejos movimientos sociales (el caso más evidente es la creciente distancia entre la central sindical de Brasil, la CUT, y algunos movimientos ciudadanos de Brasil y la región). Este Foro perdió en esa diversidad y complementación si se lo compara con el Foro Social de las Américas (Quito, 2004), donde la presencia indígena y campesina fue mucho más fuerte.

El futuro del FSM

Los actos del Foro han quedado atrás; las marchas por las calles de Porto Alegre se han cumplido con éxito, pero ahora se abre una nueva caminata hacia el próximo encuentro ciudadano del 2006. La tarea es sin duda compleja, y el debate está abierto, lo que es ya un signo de vigor. Más allá de los claroscuros del FSM, sin duda sigue siendo el espacio privilegiado para que miles de personas puedan dar un vistazo a los otros mundos posibles.

E. Gudynas es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad – America Latina). Publicado el 7 de febrero de 2005 conjuntamente en Globalizacion.org y La Insignia.