Estamos frente a un esquema de integración agotado

Entrevista a Andrés Musacchio, Director del Centro de Estudios Internacionales y Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Por Carolina Villalba Medero.

La entrevista fue realizada en el marco del Seminario Internacional convocado por CLAES: “Integración y desarrollo sustentable. La nueva geografía de los recursos, la economía y el poder” que tuvo lugar en julio de 2005 en Montevideo, Uruguay. En esta oportunidad Musacchio disertó sobre la necesidad de programas sociales regionales.

¿Cuál es la política hacia el MERCOSUR del gobierno argentino?

La política hacia el MERCOSUR del gobierno argentino es una gran incógnita porque hay muchos discursos. En 2002 comenzó una nueva etapa haciendo eje en el MERCOSUR como uno de los elementos centrales. Si bien se ha hablado mucho, lo único concreto que hay es un par de programas de salvaguardia para tratar de detener importaciones brasileñas cuando éstas afectan a la producción argentina. En realidad, me da la impresión de que en el fondo, el MERCOSUR no está contando como una estrategia de primer orden en Argentina. Me parece que lo mismo está ocurriendo en Brasil y eso es lo que tiende a disolver el MERCOSUR. No se ha cambiado de eje con respecto a los 90s en materia de integración, sí creo que se ha cambiado de eje en el modelo económico de base. Entonces, un MERCOSUR que estaba adaptado a los 90s y que entró en crisis junto con el modelo neoliberal, no se ha podido recuperar. De manera que yo no veo una política clara de compromiso con el MERCOSUR, ni en Argentina ni en Brasil.

¿Consideras que el MERCOSUR naufragó?

Creo que el MERCOSUR en estas condiciones está muerto, no cumple ningún rol. Eso no significa que no haya espacio para un proceso de integración. Sin embargo para eso, primero, hay que definir un proyecto de largo plazo que lo alcanzo a ver de manera muy oscura en Brasil y no lo veo en Argentina. Creo que la impresión que predomina en Argentina es un modelo dirigido por las exportaciones, para el cual se necesita una política económica estable como buen estímulo macroeconómico para las exportaciones; es decir: buen tipo de cambio y lo demás depende del propio mercado que revelará sus ventajas comparativas.

En estas condiciones me parece que tiene poco sentido el MERCOSUR, al igual que creo que tiene poca vida una política así porque no es sustentable en el largo plazo. Esto es: no puede generar un proceso de crecimiento sostenido, ni puede alterar de manera sustancial una situación social compleja (fuerte desocupación, marginalidad, miseria). En ese modelo exportador esos problemas no se resuelven, entonces, a largo plazo habrá que formular un proyecto de desarrollo distinto y ahí creo que la integración puede jugar otro papel.

Argentina no ha sido tan drástica en los discursos sobre su interés en el MERCOSUR, como sí lo ha sido Brasil. Sin embargo, en los hechos yo no veo avances sustanciales. Tampoco hay un replanteo sobre lo que debe hacerse en materia de integración para avanzar.

Un esquema de integración que ya está agotado, si no se toca se derrumba. Esto se potencia en una integración que siempre se hizo a espaldas de la gente: guardarla en un cajón no implica un compromiso con algo que de todos modos la gente desconoce, entonces no es algo por lo que puede haber resistencia.

¿Qué tipos de cambios en la política económica de Argentina hacia el MERCOSUR, piensas que son necesarias, desde un punto de vista de desarrollo sustentable?

Creo que el primer cambio es formular una política de desarrollo, que está faltando en Argentina, y que también está faltando en Brasil. Una política de desarrollo que tiene que tener varios ejes que los impone la propia realidad de Argentina, de Brasil, de Uruguay y de Paraguay. Una realidad que se presenta con una distribución del ingreso realmente muy inequitativa, con serios problemas para retener los excedentes que se generan en el proceso productivo y que después se fugan al exterior. Me parece que estos dos elementos son centrales para una política de desarrollo. A partir de ahí habrá que reformar toda la estructura productiva desde las cadenas productivas, habrá que generar nuevos espacios de producción y generar tecnología. Es decir, poner de cabeza una estructura productiva que en este momento es insuficiente para el crecimiento, para el desarrollo y para una sustentabilidad social.

Otro elemento central en esa política de desarrollo es la cuestión del empleo. En los cuatro países hay tasas de desempleo altísimas. En Uruguay y Paraguay supongo que debe ser más sencillo hacer una política de empleo, en la medida que tienen menor población. En el caso de Argentina eso es relativamente nuevo, es un fenómeno que tiene como mucho 20 años. Esto también orienta qué sectores deberían promoverse,  y qué tipo de empresas. En general las empresas que más empleo generan son las PYMES (Pequeñas y Medianas Empresas), que también pueden contribuir a democratizar un poco el mercado.

Una vez que existe un programa de desarrollo, ¿cómo se lo fortalece? Yo creo que el proceso de integración puede jugar un papel importante. Eso implica infraestructura, que como no existe hay que crearla, hay que financiarla; por lo que habrá que pensar en mecanismos de financiación que tiene que ver con un replanteo integral de las estructuras fiscales de todos los países de la región. Los impuestos son muy regresivos entonces el primer paso para una distribución del ingreso es cambiar la estructura de recaudación.

¿Cómo ves la ciencia y la tecnología dentro de un esquema de desarrollo?

Yo creo que es un tema crucial que siempre estuvo ausente de la discusión. Cuando se planteaba la discusión en los 50s y 60s con el modelo cepalino, la idea era ampliar mercados para generar economías de escala. Esto creo que fue un problema que después condicionó todo lo demás porque implicaba aceptar modelos tecnológicos que no estaban pensados para nuestra realidad. Si se piensa en una planta automotriz con un mercado de 250 -300 millones de personas como el de EE.UU., después no se lo puede trasladar a una Argentina con 15 -20 millones de habitantes, o un Brasil con una cantidad de habitantes similar a la de EE.UU., pero que la mitad estaban por afuera del mercado. El sistema de integración en ese momento consistía en negarse a pensar una tecnología propia adaptada a nuestras propias circunstancias, para poder suplir esa falta de mercado.

Con la siderurgia pasó lo mismo. En los años 70 comenzaron a desarrollarse plantas siderurgias a una escala mucho más reducida. Entonces la pregunta es: ¿por qué no pensamos una cosa así, que técnicamente en algún momento se corroboró que era posible? El primer elemento para romper con los modelos importados es empezar a pensar cómo generamos nuestra propia producción y nuestros propios patrones tecnológicos. Eso es clave en el proceso económico, pero también me parece que puede ser clave en un proceso más social y cultural de la integración. Si pensamos en una tecnología conjunta, estamos pensando en un proceso de investigación científica conjunta. Esto también incluye la vinculación academia-industria y la vinculación al interior del mundo académico también.

En este aspecto, si bien yo siempre fui muy crítico del proceso de integración europeo, hay algunos elementos que funcionaron. Incluso programas de estudio, con intercambio de estudiantes dentro de la Unión, permiten un conocimiento del otro que después tiene una fuerza muy grande dentro de la integración. Ese tipo de programas nunca se han explorado acá.

Con algunos de los participantes de este seminario nos conocemos hace tiempo y hemos trabajado juntos. Sin embargo, nos encontramos con mayor frecuencia participando en actividades en Europa que en Latinoamérica. Eso no tiene sentido. Ahí hay un campo que tiene respuesta inmediata porque hay muchas redes informales que podrían empezar a plasmarse y después ser trasladadas al campo productivo.

Este es un elemento en el que habrá que trabajar en las políticas nacionales y eventualmente regionales. Venimos de 20-30 años de prédica de que no es necesario invertir y gastar en este tipo de cosas porque se lo puede comprar más barato afuera, y con eso estamos cada vez más atrapados en modelos productivos que no nos son propios, con transferencias de ingresos brutales en materia de regalías que en algún momento habrá que revertir.

C. Villalba Medero es analista de D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad – América Latina).