Ecuador: Valle de Intag batalla contra minera canadiense

por Gerard Coffey – A la una de la madrugada del día 12 de julio, los moradores de las siete parroquias del Valle de Intag, Provincia de Imbabura, Ecuador, empezaron a salir de sus casas ubicadas en los profundos valles y sobre las cumbres de las colinas escarpadas de la zona, e iniciaron su largo viaje hacia la capital, Quito.

Intag lucha en Quito

Después de horas de caminata, subían en buses por el largo, estrecho y polvoriento camino que les llevaba al otro lado del monte Cotacachi y a su primera parada, el pueblo de Cotacachi, capital del cantón del mismo nombre. Allí, junto con el Alcalde Auki Tituaña, lanzaron su jornada en contra de la presencia de la minera canadiense “Ascendant Copper” y su propuesta de abrir una mina a cielo abierto en la Comunidad de Junín.

Es apenas la etapa más reciente de su resistencia a la minería. Comenzaron la lucha hace once años cuando llegó la minera japonesa “Mistubishi Metals”. Después de dos años lograron sacar a la empresa, quemando su campamento de exploración, aunque primero aseguraron que no se haga daño ni a los trabajadores ni a la maquinaria.

Pensaron haber ganado la guerra pero resultó ser sólo una batalla.

Con la concesión en el 2002 de dos áreas a un señor Roque Bustamante -un total de unas 4.900 Ha. se vieron obligados a luchar de nuevo para la preservación de sus tierras y su forma de vida.

A pesar de recientes bajas, el precio del cobre está en niveles históricamente altos y con ello viene la posibilidad de hacerse rico, o más rico.

Una vez vendidas las concesiones a la “Ascendant Copper”, existía la necesidad de primero ‘persuadir’ a la gente de la validez de la propuesta. Y frente a la resistencia local, la situación asumió un aspecto más de confrontación. La campaña de ’persuasión’ ha sido llevada a cabo con fuerza.

Documentos elaborados por la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (CEDHU) catalogan incidentes de agresión física, amenazas de muerte, la creación y financiamiento de una organización comunitaria ‘alternativa’, la que hasta propuso crear un nuevo cantón donde no estorbe la legislación del municipio local. Cotacachi, al que pertenece Intag, es el primer cantón ecológico de América Latina.

Es una campaña a veces frontal, a veces oculta, a veces agresiva, a veces persuasiva, pero el objetivo ha sido siempre el mismo, que la gente salga.

Y la gente sí ha salido. Pero para desgracia de los cálculos de la “Ascendant”, no ha sido para dejar atrás sus tierras e ir a las ciudades, sino para pelear una vez más. Para alzar la voz en contra de la depredación.

Dejando sus transportes en Cotacachi para evitar que la policía les impida viajar hacia Quito, los quinientos inteños tomaron buses interprovinciales para alcanzar su objetivo.

Llegaron tarde a Quito, pasaron una noche incómoda, descansando sobre la loza de un colegio particular. El día siguiente marcharon hacia el ministerio de Energía y Minas. Allá, entre gritos de “la gente unida…” y “fuera minera canadiense”, demandaron entrevistarse con el ministro. No obstante la negativa inicial, la reunión fue concedida.

Los campesinos y campesinas pusieron a la defensiva a la empresa y al Ministerio de Energía y Minas, cuyo subsecretario de Minas, Carlos Murriagui, se ufana de tener «amigos en todas las empresas mineras», incluyendo “Ascendant Copper”. El Ministro se comprometió frente al Alcalde Auki Tituaña a determinar si las concesiones fueron entregadas conforme a la ley. Dará respuesta, dijo, dentro de un mes.

Simbólicamente clausurada ese mismo día por los manifestantes, la minera canadiense no emite ninguna declaración, hasta ahora.

Con todo, la gente de Intag ha ganado espacios importantes. Determinados a defender su propia propuesta de ‘desarrollo’ –de turismo, de producción y exportación de café de alta calidad, de proyectos ecológicos– han hecho escuchar su voz. Sin embargo, para las comunidades de Intag disputar la legalidad del proceso de concesión no es el objetivo principal. Representa sólo un paso más.

Intag

Para ellas el punto trascendental es retener el control sobre sus propias vidas y ejercer el derecho a decidir sobre su propio futuro, a tomar su propio camino hacia el ‘desarrollo’.

En una asamblea de las siete juntas parroquiales realizada el 20 de mayo en la plaza central del pueblo García Moreno, resolvieron exigir «la salida inmediata de la empresa», y no permitir «el ingreso de ésta y ninguna minera a nuestro territorio de Intag».

En las comunidades de Intag hay aquellos que han visitado sitios de minería en el Perú y visto de primera mano la devastación que causa la minería a gran escala. Saben que para ellos una mina no representa el progreso. El dinero es para los accionistas. Para la gente de la zona, solamente queda devastación ambiental y social.

Cuando gritaban frente a la sede de la minera, “no queremos la inversión si es para la destrucción”, sabían de lo que hablaban.

G. Coffey es periodista independiente, ex director del quincenario Tintají de Ecuador y coordinador de comunicación de las comunidades de Intag. Publicado por Altercom en julio de 2006.