Elecciones en Brasil: dos sonrisas, un suspiro y algunas dudas

por Eduardo Gudynas – Las recientes elecciones municipales en Brasil, realizadas el pasado domingo 3 de octubre, merecen un detallado análisis. En general los reportes de prensa que han circulado en América Latina señalan al Partido de los Trabajadores (PT) como el triunfador; muchos dirigentes de ese partido se felicitan en público por el resultado. Algunas notas que examinan un poco más detenidamente los resultados destacan que el PT no logró ganar en esta primera ronda en la ciudad de Sao Paulo – la alcaldía más codiciada. Más allá de esos rápidos comentarios, el resultado de las elecciones municipales merece un análisis más detallado ya que es bastante más complejo que los mostrado por esos reportes de prensa.

El primer punto destacable es que dos partidos sonríen con los resultados electorales, y que en cierta manera se sienten ganadores. El primero es el PT, que fue el más votado a nivel nacional con más de 16 millones de votos, logrando una victoria directa en la primera vuelta en seis capitales estaduales: Belho Horizonte, Recife, Aracaju, Macapá, Rio Branco y Palmas. Además, como lo han subrayado varios de sus dirigentes, este partido más que duplicó el número de alcaldes, pasando de 187 en 2000, a 400 en esta elección.

Pero también sonríe el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasilera). Logró casi 16 millones de votos, y aunque no obtuvo ninguna capital estadual en la primera vuelta, salió primero en la ciudad de Sao Paulo. Allí, su candidato, José Serra, alcanzó el 43,6 % de los votos, derrotando por un margen importante a la alcaldesa actual del PT, Marta Suplicy (que obtuvo el 35,8 %). Si bien las encuestadoras daban un empate entre los dos candidatos, el resultado final benefició a Serra, y por un margen mucho mayor al esperado, condimentando todavía más el sabor de su victoria.

Pero si damos un paso más allá de estas sonrisas es necesario suspirar para adentrarse en un análisis más detallado que revela una situación compleja. En ese sentido es importante observar que el PT y el PSDB conquistaron una proporción muy similar del electorado (separados por 0,7 %, que corresponde a unos 600  mil votos). El resultado sin duda deja al PT como ganador, pero también refuerza el papel del PSDB como principal partido opositor, pero más allá de todo eso, y que pocos lo dicen, esas dos fuerzas están muy parejas. Está claro que la re-elección de Lula no será sencilla y que las dificultades económicas tienen su impacto.

Entretanto, el PMDB (Partido Movimiento Democrático brasilero), que antes constituía el “gran” partido donde todo cabía, quedó en un tercer lugar, aunque con 14 millones de votos, y más de mil alcaldías. Otros partidos se llevaron algunas capitales claves, destacándose César Maia (PFL – Partido Frente Liberal) en Rio de Janeiro.

El PT ha logrado ampliar la base de alcaldes en todo el país, y con ello reforzará su presencia política. Pero esa victoria también tiene claroscuros. Logró la victoria en seis capitales estaduales, entre las cuales se destacan por su peso económico y político Belo Horizonte, seguida por Recife; también quedó primero para disputar el segundo turno en otras dos capitales importantes (Porto Alegre y Fortaleza). Sin embargo perdió en Sao Paulo, y fue por un margen mayor al esperado. El propio PT había puesto muchas ilusiones en la re-elección de Suplicy en ese municipio, subrayando la importancia que esa victoria tendría a nivel nacional.

El PSDB logró conquistas muchas alcaldías, pero en realidad su número es un poco menor al que había logrado en las elecciones de 2000. Pero ninguna de ellas es capital estadual, por lo que la lucha por Sao Paulo también cobra una importancia clave para ese partido en su estrategia de mediano plazo hacia las próximas elecciones presidenciales. De esta manera, la puja por Sao Paulo corre el riesgo de convertirse en un acto de referéndum en referencia al gobierno Lula, tergiversando la propia esencia de una disputa municipal.

Principales resultados de las elecciones municipales en Brasil

Los claroscuros son evidentes en el caso de Porto Alegre. Allí triunfó Raúl Pont del PT, pero deberá ir a una segunda vuelta contra José Fogaça (PPS – Partido Popular Socialista), un candidato que tuvo un papel clave en el gobierno Cardoso, abandonó su partido y se sumó al PPS. Las perspectivas para la segunda ronda son inciertas, y la re-elección del PT está amenazada con lo cual ese partido podría perder un municipio que ha manejado por más de 16 años, donde nacieron varias novedades en la gestión pública (como el presupuesto participativo) y que catapultó a varios dirigentes nacionales. El PT ya había perdido en las últimas elecciones nacionales la gobernación del estado.

Otro caso notable tuvo lugar en Fortaleza, donde venció la candidata petista Luizianne Lins venció a pesar de que su campaña y sus posiciones se hicieron en contra del aparato federal del PT, y en especial de sus dirigentes nacionales. Debido a esa dinámica elástica, tan particular de la política brasileña, la dirigencia nacional del PT apoyaba en esa ciudad al candidato de otro partido (Partido Comunista del Brasil). Linz denunció públicamente que la cúpula del PT no solo la abandonó dejándola sin apoyo sino que además “entorpecieron” y “sabotearon” su campaña. La victoria de “Luizianne” regresa al primer plano a un grupo de dirigentes con vínculos más estrechos con las bases y que practican una militancia política más similar a la realizada por el PT en el pasado. Una vez conocida su victoria, Lins no se contuvo y dijo públicamente que el presidente Lula y la cúpula del PT tienen la obligación de apoyarla.

En efecto, la campaña de Lins se realizó apelando a las viejas prácticas militantes, y no dudó en cuestionar las recientes decisiones del partido (como la reforma de la seguridad social). Tanto en Fortaleza como en otras grandes ciudades, los reportes indican una retracción de la militancia petista, críticas más o menos públicas a la política económica, y en especial a algunas medidas recientes sobre el salario mínimo y la seguridad social, y el desencanto con la rigidez interna del partido. Muchos de esos militantes mantienen su voto al PT pero abandonan la militancia activa, otros cambian de partido, y algunos salen de la vida partidaria.

La observación del debate en Sao Paulo también deja en evidencia que tanto Suplicy como Serra dejaron en segundo plano los temas sustantivos, se insultaron bastante (tratándose de ignorante, machista, pedante, etc.) y apelaron a una estrategia de publicidad y marketing para “venderse” como un producto más. La temática social y las acciones sociales del PT quedaron opacadas, no sólo por ataques sostenidos desde los otros partidos, en muchos casos con la complicidad de la prensa, sino en parte porque los mismos petistas no lograron ponerla en el primer plano. Posiblemente el excesivo personalismo de Suplicy contribuyó a eso.

Pero también hay que advertir que el PT tuvo un mal desempeño en los demás centros urbanos cercanos a la ciudad de Sao Paulo. En ese cordón industrial, cuna del partido, perdió en Sao Bernardo dos Campos y Campinas, y deberá ir al segundo turno en Santo André.

En otras ciudades el PT vuelve a apelar a las más variadas estrategias con tal de aumentar sus posibilidades para el segundo turno, que tendrá lugar el 31 de octubre. Una vez más algunas de sus prácticas pueden tener efectos contraproducentes, plantean muchas dudas sobre los contenidos conceptuales de algunos de sus líderes y alimentarán todavía más el desencanto en algunos militantes. Uno de los casos más alarmantes son los coqueteos del PT de Sao Paulo con el candidato de derecha Paulo Maluf (que obtuvo el 11,9 % de los votos).

Pocos días antes de las elecciones paulistas circulaba la idea de un acuerdo tácito entre Maluf y el PT para combatir a Serra. La versión se vio reforzado tras el debate televisivo que mantuvieron los candidatos ya que Maluf fue particularmente agresivo con Serra. Maluf es un político muy conservador y populista, representa muchas de las ideas contra las cuales siempre combatió el viejo PT, no sólo por sus posiciones conservadoras sino también por sus estrechos vínculos con el gobierno militar; incluso en la actualidad ha sido acusado de tener dineros en cuentas en el exterior. Por este tipo de razones avanzar en un acuerdo con Maluf, sea explícito o implícito, significa un quiebre con la historia del PT. La posibilidad de ese acuerdo, que se anuncia como real en estos días, puede servir para lograr algunos miles de votos más, y tal vez eso le permita a Suplicy retener la alcaldía, pero sin duda el costo ideológico será muy importante.

Todo esto demuestra que el panorama es mucho más complejo que aquel de las sonrisas de quienes creen que tuvo lugar una clara victoria o una nítida derrota. La elección deja tanto al PT como el PSDB en posición de convertirse en los dos actores partidarios más importantes para los próximos años. La distancia que los separa del PMDB todavía no es muy amplia, pero parece instalada una tendencia donde los viejos partidos conservadores, caudillescos y tradicionales, están en retroceso. Pero de todas maneras el escenario político se mantiene muy diversificado y fragmentado, persistiendo cierta “elasticidad” de los partidos con entradas y salidas continuas, especialmente a nivel medio, y donde son posibles las más extrañas coaliciones a nivel local. Por lo tanto en el campo de la cohesión y fortalecimiento partidario todavía hay un largo camino a recorrer.

El PT y el PSDB aparecen enfrentados, se critican mutuamente y se presentan como dos opciones distintas. Sin embargo, para un observador externo, muchas de esas diferencias parecen deberse más a los personalismos y egos de sus principales actores, que a diferencias sustanciales en sus prácticas políticas. En efecto, si se observan las medidas que realmente está tomando el gobierno Lula se verá que hay coincidencias con varias propuestas del PSDB, pero a pesar de ellos, unos y otros se sienten distintos y diferentes, y el PT se sigue autodefiniendo como la “izquierda”.

Este proceso electoral no está cerrado, y la segunda vuelta tendrá lugar a fines de octubre. En ese momento se disputarán las alcaldías en 15 ciudades capitales estaduales, donde en 9 de ellas compite el PT, destacándose nítidamente el caso de Sao Paulo. Muchas cosas pueden pasar en estas semanas en la política brasileña, pero por cierto el escenario es complejo, y nos esperan varios suspiros más.

E. Gudynas es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad América Latina).