Alberto Acosta: Los gobiernos quedaron chicos ante el Vivir Bien

Alberto Acosta: Los gobiernos quedaron chicos ante el Vivir Bien

El intelectual y político ecuatoriano fue uno de los redactores del plan de gobierno de Alianza País, grupo liderado por el presidente de Ecuador, Rafael Correa. Acosta luego se distanció del Mandatario ecuatoriano por su visión crítica contra el carácter extractivista de dicho gobierno, afirma. Entrevista de Iván Bustillos Zamorano.

Alberto Acosta Espinosa fue presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de Ecuador (2007-2008), también fue ministro de Energía y Minas del primer gobierno del presidente Rafael Correa; hoy es crítico de dicho régimen. Estuvo en La Paz para disertar en el Tercer Foro Andino Amazónico de Desarrollo Rural que tuvo lugar en la ciudad de La Paz el 23 y 24 de septiembre. Una de sus mayores preocupaciones intelectuales y como activista es el Buen Vivir o Vivir Bien como una tendencia social y cultural civilizatoria alternativa al capitalismo; cómo, pese a estar en las constituciones de Ecuador y Bolivia, no deja de correr el riesgo de convertirse en una frase más.

— Al constitucionalizar el Vivir Bien o el Buen Vivir, se dice que solo se los ha instrumentalizado.

— Ese riesgo existe, si es que los gobernantes no son fieles al mandato popular, si lo traicionan y lo vacían de contenido, como de hecho está sucediendo en Ecuador, y tratan de vendernos cualquier cosa con el membrete de Buen Vivir, cuando el gobierno solo impulsa la modernización del capitalismo. También hay riesgo cuando la sociedad no se empodera de la Constitución, cuando nosotros no entendemos que ésta es una suerte de proyecto de vida en común y que ahí se sintetiza el país que queremos construir.

— ¿Qué papel juega aquí el “extractivismo”?, parece el mal mayor.

— Yo no diría que es el mal mayor, porque hay otros problemas que tenemos que superar. Pero sí diría que hay una enorme incoherencia de nuestros gobernantes, cuando plantean el Buen Vivir, la defensa de los derechos de la Pachamama o Madre Tierra, o los derechos de la Naturaleza, como en Ecuador, y simultáneamente se sigue ampliando la frontera extractivista. Como que no hemos aprendido de nuestra historia; se sigue aspirando a seguir siendo países que para su financiamiento dependen solo o preferentemente de la exportación de recursos primarios; la apuesta por el litio, por ejemplo. El extractivismo en esencia es violento, depredador; por eso yo creo que nuestros gobernantes están de alguna manera traicionando el sentido histórico de los procesos que se iniciaron hace ocho, nueve años.

— Pero parece que hasta en la definición del extractivismo hay problemas.

— Sí, creo que hay que hablar de extractivismos en plural; porque tenemos extractivismos agrícolas, los monocultivos, cuando dedicamos enormes extensiones de tierra para la producción de soya, cuando utilizamos transgénicos en extensiones gigantescas, cuando producimos biocombustibles para alimentar automóviles y no seres humanos. Hay el extractivismo forestal, el de pesca, puede haber incluso un extractivismo turístico, cuando apostamos solo  por turismo de cinco estrellas sin generar ningún encadenamiento productivo y casi sin generar empleo.

— Antes y hoy mismo se habla de desarrollo sostenible o sustentable. ¿Es lo mismo que el Buen Vivir?

— Nosotros perseguimos el desarrollo con mucha intensidad y entusiasmo desde fines de los 40. Y apenas comenzaron a aparecer los problemas, comenzamos a ponerle apellidos al desarrollo. Vimos que el desarrollo no era a secas crecimiento económico, entonces hablamos de “desarrollo social”; empezaron a aparecer problemas de inequidad, y comenzamos a hablar de “desarrollo a escala humana”; luego, problemas de género, “desarrollo con equidad de género”; luego, problemas ambientales, y ya hablamos de “desarrollo sustentable”; pero no nos dimos cuenta de que el problema es el concepto mismo del desarrollo, que hay que cuestionar la idea misma de desarrollo, que lleva inmersa la ilusión del progreso, de reeditar el estilo de vida de los países ricos, la ilusión de superar nuestro atraso; además, los países que consideramos desarrollados están mal desarrollados. Lo que más bien estamos proponiendo los pueblos de Latinoamérica, del Abya Yala, es superar la idea del progreso, la idea del desarrollo y construir otra civilización, a partir de otros valores, de otros principios.

— El Buen Vivir o Vivir Bien parece viable solo en comunidades pequeñas, de autogestión.

— No es fácil construir el Vivir Bien a nivel amplio, pero no es imposible; lo que se requiere en primer lugar es tener claridad de qué se trata esto, y en segundo, tener la voluntad política para impulsarlo. Esta no es una tarea solo desde el Estado, desde arriba y que se impone hacia abajo. Es más fácil, es cierto, pensar el Buen Vivir inicialmente en el campo, pero hay que comenzar a pensarlo desde las ciudades, y hay muchas respuestas o prácticas. Algo potente del Buen Vivir es que es una visión de mundo que comienza a ser aceptada en otras partes. El Gobierno alemán abrió la puerta desde marzo de 2015 a un debate ciudadano sobre el Buen Vivir; ahora, cómo entienden ellos el Buen Vivir, es otra cosa; por ejemplo, la canciller Merkel sostiene que el Buen Vivir es el suministro de servicios públicos de calidad; para uno de sus ministros, el Buen Vivir es los sábados por la tarde tomarse una cerveza y ver el fútbol con su nieto; lo interesante es que estas discusiones se van plasmando. En Colonia, el Alcalde estableció desde hace dos años el Día del Buen Vivir, en español, para discutir otras formas de vida inspiradas en el mundo andino y amazónico. El tema es cómo construimos puentes para un diálogo. Nosotros tenemos muchas de las respuestas, sin recurrir a copiar visiones foráneas, sino valorizando nuestros propios conocimientos y valores, experiencias y prácticas; es una tarea que tienen que impulsar los pueblos indígenas, las comunidades campesinas, los sectores populares.

— Por eso se dice acción o impulso civilizatorio.

— Sí, claro. El Buen Vivir, o hablemos de los “buenos convivires”, como dice Xavier Albó, porque haríamos un grave mal si queremos imponer una lógica de Buen Vivir única; sería como volver al “estilo americano de vida”. Pero claro, tienen que haber ciertos principios, que identifiquen estas posibilidades de buenos convivires en la comunidad, con la naturaleza, en la naturaleza; el Buen Vivir es para todos y todas o no es Buen Vivir. No es la dolce vita para pocos a costa del sacrificio de muchos y de la destrucción de la naturaleza, eso no es Buen Vivir. El Buen Vivir tiene que garantizarnos una vida en armonía con la naturaleza, pero que asegure una vida digna de todos los habitantes del planeta; no es que no se va a utilizar la naturaleza, que va a estar intocada; nosotros podemos aprovechar la naturaleza, pero ésta no puede ser vista como un objeto, es un sujeto, por eso en Ecuador se habla de Derechos de la Naturaleza.

— ¿Hay alguna agenda inmediata para impulsar el Vivir Bien?

— Yo no hablaría de una agenda, sino de distintas opciones que tienen que ser construidas y reconstruidas desde las bases, los sectores populares; como que la idea del Vivir Bien o Buen Vivir les quedó muy grande a nuestros gobernantes; creyeron que solo había que ganar elecciones, repotenciar el Estado y comenzar a modernizar el capitalismo; eso es un grave error; les quedó muy grande, por eso hablo de una suerte de traición al sentido histórico que planteó el Buen Vivir.

— Lo andino-amazónico, así junto, es de suma importancia en esto.

— Sí, en el ámbito regional lo andino-amazónico dice mucho, y eso tendría que ser un punto de mayor reencuentro entre nuestros países, pero lamentablemente los gobiernos progresistas y neoliberales de nuestra región lo que han hecho es profundizar el extractivismo, y eso es lamentable.

— Se puede citar experiencias “piloto” sobre el Buen Vivir…

— He visto varias, pero insisto. El Buen Vivir no es un concepto o una teoría, no es un proyecto, es una realidad; hay una serie de prácticas fundamentadas en la reciprocidad, en la solidaridad, que son elementos del Buen Vivir; ahora, no hay un texto ni un manual; ni debería haber, porque ahí entramos en una situación perversa, porque aparecerán los técnicos, los expertos del Buen Vivir, y es todo lo contrario a lo que necesitamos; lo que precisamos son espacios para que la comunidad vaya construyendo sus propias respuestas.

— ¿Bolivia?

— He tenido la oportunidad única en mi vida de sentir algo que me emocionó mucho; el hecho de que en La Haya se haya aceptado la posibilidad de discutir este justo reclamo del pueblo boliviano; ahora, espero que ese puerto (boliviano en el Pacífico) no sea solo para vincular los productos naturales bolivianos, el agua, la biodiversidad, los minerales, el gas, el litio, al mercado mundial, sino que sea un puerto que ayude a vincular al pueblo boliviano con el resto del mundo; que no esté en línea con la reproducción del capital, sino con la reproducción de la vida.

La ‘maldición de la abundancia’,  lo paradójico del desarrollo

Alberto Acosta, quien también fue candidato a la presidencia de Ecuador en 2013, escribió el libro La maldición de la abundancia, en el que expone su crítica al extractivismo.

— ¿Malditos por ser ricos?

— Sí. Yo propongo para la discusión aquello de la maldición de la abundancia. La pregunta que me hago es: ¿por qué nuestros países, que están dotados de una gran cantidad de recursos naturales, son países subdesarrollados? Cuando hablo de la maldición de la abundancia, lo que digo es que no hemos sabido aprovechar  esos recursos naturales para transformarlos en una bendición; lo que hemos hecho simplemente es extraerlos, de una manera grosera con la naturaleza, atropellando a las comunidades, sin procesarlos, sin darle valor agregado.

— Tratan de rebatirle: “a veces hay necesidad de ser extractivistas para tener algún desarrollo; para luego dejar de ser extractivistas”.

— He escuchado eso. La pregunta es si no tenemos otras opciones o alternativas; y la respuesta es sí. Se dice que si no tenemos los recursos provenientes de la exportación de minerales o de petróleo, no hay el dinero suficiente para transformar nuestras sociedades. Si este es el tema, al menos para el caso ecuatoriano, tengo una respuesta concreta y precisa: si en el Ecuador el 10% más rico de la población pagara un 3,5% más de impuestos, habría dinero suficiente para financiar todas las obras necesarias para erradicar la pobreza. Lo que sucede  es que nuestros gobernantes no han logrado impulsar una solución estructural; han distribuido mejor los ingresos excedentarios por la exportación de gas, minerales, petróleo, productos agrícolas, pero no han redistribuido la riqueza; todavía les es mucho más fácil meter la mano en la Madre Tierra que la mano en el bolsillo de los ricos.

— Se trata de cambios ciertamente radicales.

— La pregunta es cómo construimos alternativas. Una cosa está clara: no es cuestión de decir “no al extractivismo y cerramos las minas, los pozos”. No, hay que tener un plan de transición; porque si los gobiernos de Bolivia y Ecuador cerraran todas las minas y campos petroleros, se van a quedar sin plata. Pero el problema es creer que con más extractivismo vamos a salir del extractivismo; tenemos que tener un plan para ir saliendo del extractivismo: no ampliar más la frontera agrícola, no dar paso a la megaminería, buscar alternativas.

 


Perfil

Nombre: Alberto Acosta Espinosa

Nació: 21 de julio de 1948,en Quito

Profesión: Economista y activista del movimiento antiglobalización

Vida

En 2009 publicó el libro La maldición de la abundancia. También escribió: El Buen Vivir, Sumaj Kawsay (2013); Un Estado, muchos pueblos. La construcción de la plurinacionalidad en Bolivia y Ecuador  (2012); y Colonialismos del siglo XXI. Negocios extractivos y defensa del territorio en América, junto con Eduardo Gudynas, François Houtart, Henry Ramírez Soler, Joan Martínez Alier y Luis Macas (2011)


 

Publicado en el suplemento Animal Político del diario La Razón, Bolivia, 27 setiembre 2015, aquí …